Crítica: Los vecinos de arriba

Crítica: Los vecinos de arriba
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Nota: 7 sobre 10

La obra de teatro Los vecinos de arriba se puede ver de muchas formas. Es una comedia. Sí, es una comedia. Tiene diálogos hilarantes que hacen que el público estalle en carcajadas. Pero también es un pequeño drama. Un drama que deja al público en silencio… con alguna sonrisa cómplice, alguna risita tímida.. y mucha incomodidad en platea.

Porque Los vecinos de arriba es una comedia agridulce que trata un tema muy real, muy crudo, y que todos conocemos (de cerca o de lejos): la vida de pareja. Vemos dos parejas en dos momentos vitales muy distintos: Brian y Laura, Ana y Julio. Ana y Julio son los vecinos de abajo, una pareja que lleva años junta, que tiene una hija. La rutina ha pasado por sus vidas como una apisonadora. Brian y Laura, los vecinos de arriba, llevan tres años juntos… han dejado atrás vidas rutinarias y han empezado una nueva vida donde parece que todo es nuevo, excitante… la rutina no tiene cabida en sus vidas.

El contraste entre las dos parejas, su forma de ver el mundo, de ver a la pareja, de ver a las parejas de los otros, o de verse a si mismos… crea situaciones cómicas. Vemos a Ana y Julio, vemos a Laura y Brian… y nos vemos a nosotros encima del escenario.

Los vecinos de arriba nos propone un juego tramposo. Al empezar nos hace entrar en un toma y daca cómico que no nos prepara para una segunda parte dura y agria, que nos muestra el mundo de la pareja desde su faceta más oscura: la incomprensión, el rechazo, la falta de agradecimiento, la pasión inexistente… pero no es un retrato agresivo y destructivo.

Es una visión tierna de dos personas que llevan tantos años juntas que parece que ya no tienen nada que decirse, porque casi se adivinan uno al otro (aunque no siempre sea verdad), que han construido un proyecto vital juntos y quieren continuar con él, que no tiran la toalla aunque se encuentren con obstáculos… y sí, la vida alegre y feliz de Brian y Laura, nos deslumbra… pero admiramos a Ana y Julio porque son tan generosos que son capaces de reconocer que hay que empezar de cero. De intentarlo de nuevo. Juntos.

Eva Hache (Ana) y Josep Julien (Julio), María Lanau (Laura) y Andrew Tarbet (Brian) interpretan bien a las dos parejas, tan diferentes, con un control muy bueno del tempo de la obra. Una obra que, como nos dijeron en la rueda de prensa previa, está escrita de forma matemática: todo encaja como en una fórmula… y aunque parece que, a veces, los actores, improvisen… no hay una frase que no esté en el texto.

Un decorado que define muy bien a los anfitriones: una pareja que ha decorado el piso como ha esperado hacerlo durante años, con una mezcla de muebles de diseño, con un aire cálido, y una cocina abierta que permite que los actores se muevan libremente por el escenario.

Los vecinos de arriba, en el Teatro Condal, se presenta como una comedia. Lo es. Pero no perdáis ni un detalle del pequeño drama que incluye. Del texto se podría deducir que a Cesc Gay, autor y director, le caen mejor Ana y Julio, que son personajes más acabados, con más facetas, más plenos… Laura y Brian, en algún momento, son personajes demasiado planos y previsibles.

Los vecinos de arriba estarán en el Teatro Condal, esperando que vayamos a visitarlos. Tienen mucho que contarnos.


Un comentario:

  1. Es una obra engañosa, que pretende ser una comedia, pero que en realidad es un planteamiento psicológico y filosófico de la vida en pareja que no saben crecer con el tiempo

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