Crítica: Olvidémonos de ser turistas

Crítica: Olvidémonos de ser turistas
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Nota:7 sobre 10

Olvidémonos de ser turistas, en la Sala Beckett, nos cuenta la historia de una pareja de Barcelona que está de viaje en Foz do Iguaçu (Brasil), cerca de un lugar que se conoce como La Triple Frontera, porque allí se encuentran las fronteras de tres países: Brasil y Paraguay.

Un hecho casual provocará una huida hacia adelante de la pareja. Cada uno, por su lado, emprende un viaje por Argentina y por su interior que removerá todo lo que conocen. Un viaje que parece hecho de forma improvisada pero que descubrimos que tiene un objetivo que ya estaba marcado incluso antes de que la pareja saliera de Barcelona.

Olvidémonos de ser turistas , un texto que no consigue huir de los tópicos más tópicos

En este texto, Josep M. Miró, quería alejarse de los tópicos que todos atribuyen a los argentinos. Pero no lo consigue. Durante el viaje de la pareja, se cruzan con diferentes personas que cumplen todos y cada uno de esos tópicos. Son personas que hablan mucho, utilizan mucho vocabulario… una forma de hablar que, inconscientemente, ya relacionamos con el típico personaje argentino.

Además, para completar el cuadro, casi cada frase parece una sentencia filosófica. Otro tópico que tenemos anclado en nuestras cabezas. No se habla de psicología, pero en algún momento, hay algún personaje que parece que esté haciendo psicoterapia. La pareja de Barcelona hace un viaje por Argentina y se encuentra con personas que cumplen con la imagen que tenemos de los argentinos. El viaje de descubrimiento de un país, de una realidad, choca con un muro de tópicos.

A pesar de ello, es un texto que sabe mezclar la comedia con momentos extremadamente duros, y que sabe transmitir emociones en todas las escenas.

Unas interpretaciones que maravillan y conmueven

Olvidémonos de ser turistas es un montaje que hay que ir a ver, aunque sólo sea por poder disfrutar de la interpretación de Eugenia Alonso, Lina Lambert, Esteban Meloni y Pablo Viña. Los cuatro crean unos personajes llenos de vida, de facetas, con muchas dimensiones. Unas interpretaciones que van mucho más allá del texto, que lo superan, lo desbordan. Lina Lambert y Pablo Viña son la pareja española.

En ellos vemos una pareja que lleva treinta años casados pero que se quieren. Se quieren porque algún día se quisieron muchísimos, se quieren porque tienen la rutina de quererse, se quieren porque aún son capaces de quererse. Pero también son una pareja que se habla pero no se escucha. El amor no es necesariamente comunicación.

Eugenia Alonso y Esteban Meloni recrean todos los personajes argentinos que van apareciendo en el viaje. Dos actores argentinos que son capaces de intentar escapar del tópico que les marca el texto para ofrecernos unas personas que son mucho más que un filósofo de medio pelo o una psicóloga aficionada. Sus personajes cobran vida y los llenan de ternura.

Un escenario casi vacío, con una cama que se convierte en banco, y proyecciones de fotografías muy hermosas que nos describen el viaje por Argentina. No hay más. El juego de luces hace el resto. Tal vez un escenario muy vacío. Pero los personajes también sienten ese vacío. El escenario es sólo su reflejo.

Gabriela Izcovich sabe llevar el vacío existencial al escenario en “Olvidémonos de ser turistas”

La dirección de Gabriela Izcovich hace que la obra no se encalle ni se entretenga en escenas vacías. Sus personajes entran y salen, se cruzan, aparecen y desaparecen, con fluidez, sin que se rompa el ritmo de la obra. Y nos hace mirar allí donde debemos mirar, para que no perdamos un detalle.

Olvidémonos de ser turistas, en la Sala Beckett, es un montaje con grandes intepretaciones sobre un texto que no acaba de cuajar. Un montaje que vale la pena ir a ver para disfrutar de cada aparición de Eugenia Alonso, Lina Lambert, Esteban Meloni y Pablo Viña. Y de la dirección de Gabriela Izcovich.


Un comentario:

  1. Los momentos cómicos no hacen gracia, la historia así tan trágica no se consigue transmitir, no me ha parecido nada permeable. Sólo dos interpretaciones me han merecido mis respetos, precisamente las de los dos actores argentinos, ellos sí han transmitido y han ido intercalando personajes con habilidad.
    El texto cojo, flojo, muy flojo. Una pena, pues en sí la historia podría haber sido mucho mejor contada y como no, interpretada.

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